Juan

Juan, estudió en un IES público, homosexual, 32 años,

 

Recuerdo el instituto como una línea ascendente. Cuando empecé el primer año, arrastraba cierto estado de confusión de los últimos años de colegio. Confusión hacia el mundo y hacia mi lugar en él, imagino que algo normal en un adolescente. Poco a poco iba siendo consciente de mi homosexualidad, pero aún no tenía los mecanismos para aceptarla sin prejuicios y durante ese curso incluso empecé una relación con una chica. Lo fácil era negarlo, claro.

Un año después, ocurrió lo que tarde o temprano tenía que ocurrir: me enamoré de un chico. Fue durante un viaje de intercambio. Él era de mi clase y, aunque durante el viaje fuimos uña y carne, al volver se enamoró de una chica, así que no llegó a pasar nada. En cuanto volví a la rutina, me enfrenté al tema y acepté que era gay y que debía ser honesto conmigo y con los que me rodeaban, así que lo dejé con mi novia y se lo conté a mis amigos más íntimos. Todo fue genial con ellos (y eso que fue hace bastantes años). También lo conté en casa y, aunque aquí hubo alguna reticencia que otra, al final lo acabaron aceptando sin mayor problema. Perdí el miedo a que se metieran conmigo (alguna vez que otra me pasó, pero como yo no le daba importancia, los demás acabaron por no dársela tampoco) y me sentí mucho más libre. Fue un alivio.
1º y 2º de Bachiller pasaron casi sin darme cuenta. Durante esos dos años descubrí la homosexualidad de varios amigos e hice algunos nuevos. También salí con algunos chicos, aunque nada serio. Lo más importante de esa época es que poco a poco se fue borrando el último pensamiento perturbador que tenía respecto a mi sexualidad: ahora que me acepto plenamente y que ya no tengo prejuicios, ¿y si resulta que somos tan pocos homosexuales en este barrio/país/mundo que nunca llego a conocer a más? Me fui dando cuenta de que el mundo está lleno de gays, de lesbianas, de transexuales, de bisexuales, de gente que no se identifica con ningún género y de gente que se identifica con todos. ¡Somos millones! Por eso, acabé el instituto con la confianza de que durante el resto de mi vida no iba a parar de conocer gente maravillosa, tanto homosexuales como heterosexuales.
14 años después puedo afirmar que así ha sido y que así seguirá siendo. Así que si lee esto alguien que se sienta confundido, o solo, o triste por ser gay, lesbiana, bisexual, transexual o lo que sea, debes saber que no hay razones para estarlo. Lo importante es que seas sincero contigo mismo, y todo lo demás vendrá rodado.

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